«Mamá, me aburro.»
«Papá, no sé qué hacer.»
Si tienes hijos, es muy probable que hayas escuchado estas frases más de una vez. Y también es posible que, al oírlas, hayas sentido la necesidad de buscar rápidamente una solución: proponer una actividad, un juego, organizar un plan o incluso recurrir a una pantalla para acabar con ese momento incómodo.
Vivimos en una sociedad en la que parece que siempre tenemos que estar haciendo algo. Las agendas de los niños están cada vez más llenas y el entretenimiento está disponible de forma inmediata. Sin embargo, ¿y si el aburrimiento no fuera un enemigo? ¿Y si, en realidad, fuera una oportunidad para crecer?
El aburrimiento no es algo malo
Aunque solemos asociarlo a una sensación desagradable, el aburrimiento es una experiencia completamente normal. Aparece cuando una actividad deja de captar nuestro interés o cuando no encontramos algo que nos motive en ese momento.
- Como cualquier otra emoción, el aburrimiento tiene una función. Nos empuja a buscar alternativas, a explorar nuevas posibilidades y a poner en marcha nuestra iniciativa.
El problema no es que los niños se aburran. El problema surge cuando intentamos evitar constantemente que experimenten ese aburrimiento.
¿Por qué nos cuesta tanto que nuestros hijos se aburran?
Muchos padres y madres sienten cierta incomodidad cuando escuchan el famoso «me aburro». A veces aparece la sensación de que deberíamos hacer algo para solucionarlo o la preocupación de que nuestros hijos no estén disfrutando.
Además, vivimos en una época en la que el entretenimiento está a un solo clic de distancia. Las pantallas, los vídeos, los videojuegos o las redes sociales ofrecen estímulos constantes e inmediatos.
- Sin darnos cuenta, podemos acostumbrarnos a llenar cada espacio libre y sentir que siempre necesitamos algo externo para estar entretenidos.
- Sin embargo, el desarrollo infantil también necesita pausas, tiempos muertos y momentos en los que no haya nada especialmente interesante que hacer.
Lo que ocurre cuando un niño tiene tiempo para aburrirse:
Aunque al principio pueda parecer incómodo, el aburrimiento suele ser el punto de partida de procesos muy valiosos para el desarrollo.
- Nace la creatividad
Cuando nadie les dice qué hacer, los niños comienzan a inventar.
Un cojín puede convertirse en una montaña, una caja de cartón en una nave espacial y unos rotuladores en la herramienta perfecta para crear una historia.
La creatividad no suele aparecer cuando todo está planificado. Muchas veces surge precisamente en esos momentos de pausa. Incluso grandes creadores necesitaron esos momentos.
K. Rowling, por ejemplo, contó que la idea de Harry Potter surgió durante un viaje en tren, mientras dejaba volar su imaginación.
A veces, del aburrimiento también nace la magia.
- Desarrollan autonomía
Cuando resolvemos inmediatamente el aburrimiento de nuestros hijos, somos nosotros quienes generamos las ideas.
En cambio, cuando les damos espacio para buscar alternativas, aprenden a tomar la iniciativa, a decidir y a encontrar recursos propios para entretenerse.
- Aprenden a tolerar la frustración
No siempre podemos tener algo estimulante delante. La vida también está llena de esperas, momentos tranquilos y situaciones poco emocionantes.
Aprender a convivir con esa sensación forma parte del desarrollo emocional y ayuda a construir una mayor tolerancia a la frustración.
- Fortalecen su capacidad de reflexión
Los momentos de calma permiten pensar, imaginar, observar y conectar con uno mismo.
Cuando reducimos constantemente cualquier espacio vacío, también reducimos las oportunidades de desarrollar estas habilidades.
¿Cómo podemos acompañar el aburrimiento sin resolverlo?
La próxima vez que tu hijo o hija diga «me aburro», no hace falta buscar una solución inmediata.
Puedes probar algunas de estas estrategias:
- Validar su emoción: «Entiendo que te estés aburriendo».
- Evitar convertirte en la fuente constante de entretenimiento.
- Dar tiempo para que aparezcan nuevas ideas.
- Tener materiales accesibles para el juego libre, como cuentos, construcciones, papel, pinturas o materiales reciclados.
- Confiar en su capacidad para encontrar algo que hacer.
Cuando un niño dice «me aburro», puede parecer que algo va mal. Sin embargo, muchas veces ese momento es el inicio de algo importante.
Del aburrimiento nacen juegos, historias, dibujos, preguntas, inventos y descubrimientos. Nace la creatividad, la autonomía y la capacidad de disfrutar del propio mundo interior.
Quizá no necesitemos llenar cada minuto de la infancia con actividades. Quizá, en ocasiones, el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros hijos sea precisamente un poco de tiempo, de calma y de aburrimiento.
Si quieres que tus hijos cuenten con acompañamiento en su desarrollo, contacta con nosotras. Estaremos encantadas de acompañaros.