Entre las necesidades sociales detectadas durante el confinamiento, las medidas de salida de los niños a la calle han sido las primeras en tomarse, los profesionales dedicados a la infancia las aconsejábamos, ¿por qué? La neurociencia nos da la respuesta…
El movimiento es una experiencia que a los pequeños les permite aprender a estar en el mundo. Tanto es así, que el reflejo de Moro, relacionado con la capacidad del bebé de reaccionar ante lo inesperado y brusco, aparece ya en la vida prenatal, marca el inicio de la sensibilidad y el procesamiento del movimiento, y resulta fundamental para su posterior desarrollo (para la maduración de su sistema nervioso neuro-sensorio-motor). De hecho, la madurez neurológica de un/a niño/a mejora con el movimiento.
Por tanto, junto con el contacto físico, el movimiento es una necesidad fundamental de un recién nacido. Mecerlos para calmarse o dormirse, es una respuesta ancestral del ser humano. Pero el movimiento no sólo calma, sino a medida que van creciendo les maravilla, les estimula y les divierte. Sin ninguna duda a los niños y niñas les encanta el movimiento, lo podemos observar en cómo experimentan la relación con su cuerpo y el entorno cuando corren, dan vueltas sobre sí mismos, saltan, o disfrutan cuando se les monta encima de las piernas o de los hombros “a caballito” o se ríen si les damos vueltas como en un tiovivo… A los bebés el movimiento les relaja, y a los niños les divierte y en ambos casos, aprenden gracias a él. Durante el desarrollo temprano, el ser humano aprende paulatinamente a moverse de manera cada vez más sofisticada, lo que significa que aprende a manejar los subsistemas implicados en ese movimiento: el sensorial, el vestibular (encargado del equilibrio), el cognitivo y, por supuesto, el emocional. Y ese aprendizaje se realiza en la infancia mediante el juego.
La importancia del movimiento para el ser humano la podemos apreciar en la cantidad de neuronas que se dedican a ello, o la función que el movimiento cumple para la supervivencia: nos movemos ante algo que nos produce dolor, nos acercamos a aquello que nos gusta, o nos alejamos de aquello que nos puede herir. Y ante todo, pensando en los pequeños de la casa, el movimiento les permite aprender.
En este momento de desescalada tras el estricto confinamiento, los niños tienen la posibilidad de salir a dar paseos, montar en bici, patinete, correr, jugar con la pelota… actividades que resultan fundamentales para su interacción con el mundo, para ir consolidando etapas de su desarrollo. Algunas actividades relacionadas con el movimiento se pueden hacer en casa, como montar una gymkana, bailar, o hacer volteretas, pero si se puede realizar actividades al aire libre, mejor. Tenemos que tratar de evitar el sedentarismo de los pequeños, y en muchos casos dentro de casa ellos mismos eligen juegos que no implican movimiento, o si quieren tenerlo, les corregimos porque no es el lugar indicado para ello…
A muchos papás y mamás la situación de incertidumbre en la que aún nos encontramos y el temor al contagio si permanecemos más tiempo en la calle, les puede estar generando mucho nerviosismo, angustia o preocupación, por lo que no salen de casa todo lo que podrían. Pero no sólo les pasa a los adultos, muchos niños manifiestan no querer salir… han sido unos campeones, han sabido adaptarse a la situación de confinamiento, pero muchos se encuentran “demasiado” cómodos en casa (en ocasiones dedicando excesivo tiempo a las pantallas que les sobreestimulan y no contribuyen a la creatividad o la imaginación) o tienen miedo al contagio, porque el “bichito” o el virus, sigue estando en la calle (de hecho ven como los espacios de parques o pistas se mantienen cerrados).
De manera que, en este escenario actual, muchos padres y madres pueden tener la tentación de no salir porque los niños no se encuentran “mal” y/o porque ellos mismos no se encuentran seguros … Pero por qué es importante retomar las actividades al aire libre? Veamos por qué!
- Porque el correcto desarrollo del niño necesita movimiento desde que nace y la forma más fácil e interesante de moverse, es jugando y si puede ser, al aire libre
- Porque como decíamos al principio de este post, la madurez neurológica del niño mejora con el movimiento, y estando al aire libre, las actividades se relacionan en gran medida con esto
- Porque estar al aire libre estimula todos sus sentidos y les permite ubicarse en el mundo. El sistema nervioso vestibular necesita de estímulos para su desarrollo, ya que de lo contrario la movilidad del niño no estará optimizada y tendrá miedo ante cualquier desafío que conlleve desplazamientos en altura, velocidad, giros o cambio de postura bruscos. De hecho evitar que un niño corra, salte, trote, y por qué no, se caiga, podría conducir a déficits cognitivos y emocionales
- Porque el juego fuera de casa implica una parte de aventura, que el niño o niña se enfrente a pequeñas dosis de miedo o de enfado que les facilita el aprendizaje de la regulación emocional (los padres y madres debemos acompañarlos de cara a identificar la dosis de riesgo que pueden asumir)
- Porque en el caso de los bebés, aquellos que son movidos o porteados tienen un beneficio inmediato en el desarrollo del tono muscular
- Porque los niños aprenden jugando, y las actividades que se realizan al aire libre en muchos casos no se pueden llevar a cabo en casa y complementan a las que se pueden mantener dentro de nuestro hogar
- Porque salir a la calle es divertido y estimulante para ellos
- Porque el juego debe ser la principal actividad de un/a niño/a, sobre todo relacionados con la actividad física y preferiblemente al aire libre
- Porque se ha observado que a medida que los niños históricamente pasan menos tiempo al aire libre, se han incrementado problemáticas emocionales como la ansiedad, el desánimo, la tristeza, la impulsividad…
- Porque construyen su mundo interno a través de las experiencias que vivencian en el mundo exterior, con todos los elementos que formarán parte de su vida tras superar la pandemia definitivamente
- Porque tenemos la gran oportunidad si salimos con ellos a la calle de que mientras tengamos que mantener las medidas de seguridad con respecto a la distancia física con otros niños, se aburran en ocasiones, lo que fomenta la creatividad, y que aprendan a jugar ellos solos o con hermanos
Sabemos que en estos momentos podemos encontrarnos con un enorme sentimiento de vulnerabilidad ante la situación que estamos viviendo y que tengamos dudas sobre cómo gestionar esta situación con los pequeños y pequeñas de la casa. Para ello, el asesoramiento profesional puede ser de gran ayuda.
Si quieres conocer más sobre este y otros temas relacionados con la crianza en Centro TAP trabajamos para que las familias adquieran los recursos y herramientas necesarias para construir su autonomía en la crianza y que desarrollen su rol de padre y madre con la tranquilidad de saber que están haciendo lo mejor para sus hijos/as y familia. Búscanos en redes sociales Crianza Activa y entra en nuestro Programa Aprender a Crecer Juntos.