Desde el embarazo, las mujeres pueden notar una oleada de emociones, agradables y desagradables, entre ellas la incertidumbre, la ilusión, la felicidad, el miedo, el amor como hasta el momento no habían sentido, y también LA CULPA, algo que puede aparecer a lo largo de la maternidad en muchos momentos, incluso de una manera punzante… Sin duda, las familias se enfrentan a muchas cuestiones que implican adoptar un criterio y hacer una elección, y en cada una de ellas no cabe duda que hay algo que se antepone, hacer lo mejor para nuestro bebé. Y es ahí donde puede aparecer la culpa: ¿lo estaré haciendo de la forma correcta? ¿estaré siendo buena madre?
Y si me siento sobrepasada, cansada de cuidar de mi hijo/a, si me aburro jugando en muchos momentos, si echo en falta aspectos de mi vida antes de la maternidad, si me desespero y no consigo mantener la calma, no soporto no dormir, no tener intimidad, tengo millones de dudas y una gran carga de inseguridad…. ¿no debería sentirme así?
Si hablamos de culpa, y nos fijamos en dónde nace, inmediatamente nos vendrá a la cabeza el pensamiento previo que desencadena esta emoción: no hacerlo bien, no saber hacerlo mejor, estarse equivocando, no hacer lo que se debería hacer, no sentirme como supuestamente me tendría que sentir… La culpa cumple la función de aparecer para señalarnos que se ha cometido un error, con la clara intención de indicarnos que no conviene volverlo a cometer, que debemos corregir un sentimiento, una actitud o comportamiento que daña, a uno mismo o a los demás. Así que cuando aparece esa culpa en la maternidad ¿realmente se está cometiendo un error al hacerlo/sentirlo así?
Criar a un hijo durante muchas décadas ha estado sujeto a una especie de manual con normas no escritas pero trasladadas de unos a otros donde sí parece que hubiera una manera de hacer y sentir LO CORRECTO. De ahí que si las mujeres se salen de esas premisas, si se desbordan, si dudan, si no saben… se presupone el error, el fallo, la falta, y aparece la culpa. La culpa es invalidante, profundiza en el dolor, invalida a quien la siente, nos lleva a dudar del buen criterio personal. Desde esta sensación, ¿una mujer será capaz de hacer LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE, que es conectar con su hijo? Sin ninguna duda la conexión emocional mamá-bebé desde la culpa no se lleva a cabo de manera fluida; una madre que se juzga, que se siente débil, imperfecta, saturada, o egoísta por llevar adelante la crianza de una manera diferente a como “debería hacer”, o no sentirse como se “debería sentir”. tendrá más difícil (aunque no imposible) la tarea de conectar con su hijo a nivel emocional porque esa culpa generará una serie de interferencias.
Cada madre, como cualquier persona en cualquier área de la vida, tiene el derecho de analizar las diferentes opciones, y escoger la manera en la que quiere criar o educar a un hijo/a. Sabemos que no existen recetas, ni fórmulas, ni normas por las que una mujer deba regirse de forma estricta, si sabemos y contamos con el conocimiento en neurociencia y psicología perinatal, estas disciplinas si nos indican el camino, para que una vez que estemos en el seamos capaces de elegir teniendo en cuenta nuestras circunstancias y necesidades, que no siempre serán iguales, y por tanto a medida que se desarrolle en su rol de madre, podrá irse adecuando y adaptando, en un proceso de aprendizaje continuo, como el del hijo/a que está criando.
Cambiemos entonces el término de culpa, hablemos de responsabilidad:
- Responsabilidad en identificar mis emociones
- Responsabilidad de cara a normalizar el que sean desagradables en muchos momentos
- Responsabilidad en cuanto a detectar aquello que ME FUNCIONA y qué no me funciona como madre para desempeñar mi rol
- Responsabilidad de valorar las opciones y escoger la que mejor se adecúa en mi caso
- Responsabilidad de tratarme con respeto y cariño entendiendo quién soy y mis circunstancias….
- Responsabilidad en cuanto a aceptar mis errores, y haberlo hecho de la mejor forma que sabía
En definitiva, la responsabilidad de ser coherente con una misma y con las decisiones que de manera consensuada tomemos en pareja. Porque no todas las mujeres somos iguales, no todas las maternidades han de ser iguales, y por tanto, la responsabilidad ha de ser buscar esa mejor manera para cada una de ser madre.
Desterrar la culpa, mirarse con compasión, aceptar que no sabemos, que tenemos el derecho de probar, de equivocarnos, de aprender, de ser imperfectas, de sentirnos incómodas en nuestro rol, y tomar medidas que nos ayuden a gestionar/gestionarnos en ese momento es la clave. Esta responsabilidad implica análisis y acción, la culpa por el contrario, sume a la mujer en una pasividad y sufrimiento que le lleva a paralizarse, a no movilizarse, que en definitiva es que lo necesitamos como recurso para mejorar (si es que hay algo que podamos mejorar, o bien el camino es aceptar lo que uno ha hecho)
Por tanto, aquí os ofrecemos mamás unos tips que os pueden ayudar a gestionar la culpa:
- La culpa es una emoción más, no es buena ni mala, pero es importante identificar qué la genera, si estoy ante un error real, y aquí es importante atender al diálogo interno: ¿cómo me estoy hablando? ¿estoy entendiendo mi situación cuando estoy haciendo este juicio sobre mí? ¿estoy juzgando lo que hago en base a mi criterio o en base al criterio de otros?
- Entender que ser madre es algo que se aprende cada día, tienes que darte la oportunidad de aprender junto a tu hijo/a, porque no es lo mismo ser madre de un bebé de 3 meses, que de uno de 3 años, o de 10. Ajustar nuestras expectativas con respecto a nuestro rol y el desarrollo de nuestro bebé será necesario para ir avanzando de manera más satisfactoria en la relación con él
- Lo más importante no es el tipo de madre que seas, tu nivel de sacrificio, el tiempo que les dedicas (sigue siendo importantísimo el criterio de calidad y presencia con atención plena con nuestros/as hijos/as frente a la cantidad) o si vives la maternidad desde la absoluta felicidad, sino la conexión que se establece con tu bebé… por lo que ser coherente con lo que necesitas y tu modelo de maternidad sin duda facilitará esa conexión emocional
- Es normal “beber de muchas fuentes” pero quédate con lo que te a ti te identifique, así además de la culpa evitarás frustraciones por no llegar a ser la madre que “debes” ser
- Acepta que la perfección no existe, que no somos las madres de antes, ni las de mañana serán como nosotras ahora. No existe una maternidad buena o mala. Lo importante es ajustarte a tus circunstancias de vida. Aceptarnos como somos es el primer paso para el cambio, porque sin esa toma de conciencia, no habrá posibilidad de mejora
- Identifica tus necesidades, y a partir de ahí, construir tu propio modelo de maternidad que recoja esas necesidades y las de tu bebé (porque sin duda, él seguirá siendo la prioridad). Estar conectada contigo mismo posibilitará que conectes emocionalmente con tu hijo/a, que le acompañes en su desarrollo psico-social y estés presente
- Habla con gente cercana, cuéntales cómo te sientes, compartir tus emociones en un entorno de confianza puede ayudarte a normalizar lo que te pasa y eliminar tu sentimiento de culpa
Si quieres conocer más sobre este y otros temas relacionados con la crianza en Centro TAP trabajamos para que las familias adquieran los recursos y herramientas necesarias para construir su autonomía en la crianza y que desarrollen su rol de padre y madre con la tranquilidad de saber que están haciendo lo mejor para sus hijos/as y familia. Búscanos en redes sociales Crianza Activa y entra en nuestro Programa Aprender a Crecer Juntos.