En los últimos meses, desde que comenzó la pandemia por la COVID-19, está presente en nuestro día a día el siguiente mensaje “para que la evolución sea favorable es imprescindible la responsabilidad ciudadana”. Esto implica que individualmente debemos cumplir con las medidas de prevención y protección sanitarias promulgadas para evitar la propagación del virus. No obstante, bajo esta premisa, muchas personas dudan si es suficiente lo que hacen o si están cumpliendo correctamente con las medidas adoptadas:
- “¿Estoy cumpliendo con la distancia de seguridad?”
- “¿Esta mascarilla es la más adecuada?”
- “¿Habré tocado algo contaminado?”
- “Estaba comiendo en el trabajo y ha pasado una compañera, debería de haberme puesto la mascarilla”
- ¿Estaré haciendo todo lo que debo?
La incertidumbre genera inseguridad y, con estas dudas y pensamientos negativos acerca del propio comportamiento aumenta el malestar emocional, siendo protagonistas emociones desagradables como el miedo y la culpa.
El miedo puede hacer que se desarrollen conductas obsesivas-compulsivas para comprobar continuamente si existe la posibilidad de contagio y, la culpa puede hacer que aumenten los pensamientos negativos sobre uno mismo afectando negativamente a la autoestima al considerar que no se está siendo suficientemente responsable. Además, hay que tener en cuenta que ambas situaciones propician la aparición de sintomatología ansiosa al percibir que estamos en un escenario de peligro o que podemos poner en riesgo la vida de otras personas.
¿Qué puedo hacer entonces para cumplir con mi responsabilidad sin sentirme mal?
- Aceptar que no podemos controlarlo todo y, por tanto, no podemos responsabilizarnos de lo que ocurre a nuestro alrededor.
- Identificar cuáles son tus emociones. En estos momentos es normal sentir miedo y ansiedad, permítete expresarlo y realiza alguna actividad agradable para canalizarlas.
- Diferenciar culpa de responsabilidad. La culpa hace que nos cuestionemos si lo que hemos hecho es acorde con nuestros valores. Analiza y describe qué has hecho para ser consciente de si has cumplido con aquello que querías hacer, si es así, el nivel de culpa disminuirá haciéndote sentir mejor.
- Disminuir la autoexigencia y el perfeccionismo. Lleva a cabo las medidas de prevención y protección sin responsabilizarte de cómo actúa el resto de las personas y, permitiéndote la posibilidad de cometer ciertos errores. Además, te puede ayudar sustituir el “debería …” o “tengo que…” por “quiero o puedo …”.
- Tomar decisiones centrados en el presente. Para ello puedes preguntarte, ¿qué es lo mejor para mí en estos momentos? Y, desde ahí, tomar la decisión teniendo en cuenta que puede aparecer miedo a equivocarte si piensas que debes elegir la opción correcta para siempre.
- Adaptarse al contexto. Cuando se plantean nuevas normas es lógico que necesitemos prestar más atención para poder llevarlas a cabo, sin embargo, una vez que nos hemos adaptado a ellas comenzarán a formar parte de nuestro día a día, dedicando menos tiempo a evaluar cómo se están ejecutando los cambios.
La responsabilidad es una cualidad muy valorada ya que permite comprender qué acciones lleva a cabo cada persona y cuáles son las consecuencias que puede ocasionar para sí mismo o para los demás, aspecto fundamental en estos meses de pandemia por la COVID-19. Sin embargo, la hiperresponsabilidad conlleva consecuencias negativas para la propia persona al generar desgaste emocional, control excesivo de lo que le rodea y tendencia a ser muy crítico consigo mismo, afectando a la autoestima.
Por tanto, es importante asumir la responsabilidad individual sin olvidar cuidar la salud mental
Si tras poner en marcha estas claves, el malestar emocional sigue siendo elevado, no dudes en contactar con un profesional. ¡En Centro TAP estaremos encantadas de acompañarte!