Elegir una u otra carrera, desarrollar una profesión o trabajar en aquello que nos gusta, no siempre es una decisión y un camino fácil.
Nuestra sociedad hoy tiene una necesidad imperativa de orientación en muchos sentidos, y es que, ante la falta de certidumbre, el ser humano se muestra inseguro y esto genera situaciones de estrés y malestar emocional que impactan en nuestra vidas de manera muy desadaptativa.
A diferencia de lo que ocurre en otros sistemas educativos, donde los niños van construyendo el concepto sobre su potencial profesional, la mayoría de nuestros adolescentes llegan a la secundaria y bachillerato sin conocer sus intereses profesionales, sus gustos o sus potencialidades.
En el mejor de los casos, toman la elección en tercero de ESO cuando «toca» decidir si cursan aplicadas o académicas y habitualmente esta decisión viene determinada por su rendimiento académico. De tal manera que, si son un buen estudiante (acotado a las notas únicamente) elegirá académicas para formarse en bachillerato y universidad, y si no ha conseguido destacar en las notas, elegirá aplicadas para cursar formación profesional.
Y esta toma de decisiones normalmente tiene lugar en un momento del desarrollo adolescente en el que aún no existe la madurez suficiente para determinar o proyectarse en un futuro no muy lejano.
- Por ese motivo es fundamental la labor orientadora en la etapa secundaria, ya que permite a los chavales desarrollar su autoconcepto, conocer sus aptitudes y poder explorar las diferentes opciones profesionales, de cara a realizar una adecuada toma de decisiones.
- Y en este sentido, podemos entender la orientación vocacional como un proceso de ayuda en la elección de la carrera profesional y la preparación para la misma.
Realizar este proceso pasa por diferentes fases en las que el profesional acompaña a la persona para llegar al último paso, la toma de decisiones.
En nuestro trabajo de orientación dividimos el proceso en tres partes fundamentales:
- AUTOCONOCIMIENTO. El primer paso trata de ayudar al alumno a explorar preferencias e intereses, tanto por actividades como por profesiones, y valorar como encajan con nuestra personalidad, con nuestras aptitudes y con nuestros puntos fuertes y débiles.
- PROYECCIÓN A FUTURO. Es importante que se trabaje desde la óptica de despertar los intereses y valorar las competencias que requiere la integración en el contexto social y laboral. Punto de partida de la motivación hacia cualquier proceso de cambio o toma de decisiones.
- TOMA DE DECISIONES. El último paso está orientado a la toma de decisiones, siempre teniendo en cuenta toda la información que necesita la persona para lograr sus objetivos.
Es importante aclarar aquí que el orientador no intenta decidir cual es la formación o la profesión más adecuada a una persona. Se pretende que sean los jóvenes el que aprenda a conocerse y sean capaz de tomar sus propias decisiones.
La orientación vocacional es un proceso clave en el desarrollo de las personas. Donde se acompaña al individuo a que obtenga el conocimiento de sí mismo que le permita proponerse y valorar sus metas, aceptando sus propias limitaciones para adecuarse a las necesidades y adaptarse a los cambios que irán surgiendo a lo largo de la vida profesional.
En Centro TAP contamos con un servicio especializado para evaluar la orientación vocacional para poder encontrar así los intereses, capacidades, competencias y motivaciones académicas y laborales